La comunicación es fundamental en nuestras vidas, sobre todo para las relaciones humanas, es la base de la cultura del mundo. El proceso de “comunicar” está conformado por un emisor, quien va a ser el primero de la cadena en transmitir el mensaje; la información, un canal o medio; y un receptor.

Hasta ahí suena muy fácil, pero ¿Qué pasa cuando ciertos códigos convencionales que se necesitan para completar este simple proceso de comunicación se rompen? ¿Qué es lo que causa que este proceso se convierta en un teléfono descompuesto?

Todos tenemos datos e información para comunicar. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo lograr que llegue a donde queremos? Y ¿Cómo evitar que se distorsione?

Las redes sociales son actualmente inevitables. Es un continuo sistema de información, destacado por la inmediatez, que a veces puede resultar una de las causas por la cual nuestra cadena comunicacional se rompe.
El pasado fin de semana por medio del servicio de mensajería a través de internet, Whatsapp, se difundió una fotografía de un niño de la vecina localidad de Oliveros y adjunto a la misma se advertía que el chiquito estaba secuestrado, que había sido robado. El mensaje que viajó inmediatamente por miles de celulares, llegó distorsionado ya que se expresaban distintas localidades de donde el niño habría sido raptado: Santa Clara, Villaguay o Temperley.

La noticia, llegó rápidamente a oídos de la familia, quien salió a desmentir el hecho y realizó la denuncia en la comisaría. La mamá aclaró que su hijo estaba en perfectas condiciones y con su familia.

El mensaje fue reproducido por un falso emisor, que habría querido perjudicar o molestar a la familia del niño. Pero lo preocupante es la rápida viralización de esa falsa noticia en las redes sociales.

¿Qué es Viralizar? Es dar a una unidad de información la capacidad de reproducirse de forma exponencial. Esto es, emulando a los virus, que el contenido tenga la capacidad de reproducirse “solo”. Sin más publicidad ni promoción que el boca a boca. Esa viralización de hoy en día, muchas veces cumple el papel del teléfono descompuesto, juego en el que los participantes se divierten al escuchar cómo un mensaje se va distorsionando al ser transmitido a lo largo de una cadena.

Así ocurre actualmente, cuando los usuarios de las redes sociales comparten información sin un previo chequeo de la fuente, o el emisor de esa noticia.

Al comienzo de este artículo pregunté: ¿Cómo evitar que cierta información compartida se distorsione? Simplemente con un previo chequeo, una mínima investigación del punto inicial de esa información y no continuar en el juego del teléfono descompuesto 2.0 cuyas reglas permiten la desinformación día a día.

Julieta Luz Carnevale